
Hace meses que me levanto de la cama como si me ardiera el pecho, como si me atravesara un arpón incandescente, como si seguir durmiendo me hiciera perder un juego que perdí hace tiempo.
Las paredes se me caen encima, me ahorcan y a la vez, parecen tan lejanas como si esta habitación hubiera crecido cientos de metros desde que no estás en ella. Recuerdo la última vez que dormiste aquí, que por otro lado, también fue la primera.
Las paredes se me caen encima, me ahorcan y a la vez, parecen tan lejanas como si esta habitación hubiera crecido cientos de metros desde que no estás en ella. Recuerdo la última vez que dormiste aquí, que por otro lado, también fue la primera.
Y es curioso como el destino, el karma, la vida o lo que sea, se encarga de advertinos sutilmente de los peligros que nos acechan justo detrás de una espalda desnuda.
Aquella noche fue maravillosa; miles de sentimientos entre las sábanas y miles de sensaciones entre las piernas, pero al llegar Morfeo decidistea golpe de patadas -en lo que no dudo que fuera un estado de inconsciencia- que era mejor idea que yo durmiera en el sofá.
Aunque parezca absurdo me pareció muy tierno dejarte dormir en mi cama, con un beso y mi osito como única compañía. te observé durante horas, y sigo creyendo que es la imagen más bonita que conserva mi retina.
